Malena no habría sido buena bailando tango

Quizá sea una frivolidad, o quizá no, pero a mí me parecía importante comenzar este nuevo proyecto personal de reseñas literarias hablando de una autora tan grande como los libros que escribe, y no me refiero al número de hojas de sus obras ni menos aún a su apellido —no me gusta ese chiste fácil, que conste—. Almudena Grandes es una escritora tan impresionante, tan embriagadora, como las sensaciones que te dejan sus libros cuando los lees, y Malena es un nombre de tango es una novela tan brillante como el personaje que lleva las riendas de la historia y que te deja el resto del día pensando en él.

Me parecía apropiado comenzar hablando de ella, de la autora de algunas de las novelas que deberían ser recordadas para siempre, libros que deberían perdurar en los anales de la historia de la literatura española, y aunque la sola mención pueda parecer un atrevimiento, a mí no me genera ningún rubor considerarla al nivel de los Delibes, Cela, Muñoz Molina… No obstante, la literatura es un arte subjetivo que te permite idolatrar o demonizar a quien te dé la gana.

Almudena no escribe. Almudena hace música con las palabras, compone melodías perfectas de frases y expresiones que afloran en lo más hondo de uno, que desatan una tormenta de reacciones interiores que desembocan en un simple concepto: disfrutar. Disfrutar leyendo y disfrutar aprendiendo, porque la autora consigue ambas cosas sin que te des cuenta. Sus textos son tan líricos que crees que estás leyendo poesía, aunque con sus reglas. Juega tanto con el lenguaje, lo enriquece hasta tal punto, lo adorna de un modo, que parece imposible aceptar que todo aquello salga de una mente humana y sí de un ordenador bien programado. Si todas estas fabulosas cualidades terminaran allí, seguramente disfrutarías de una buena lectura y después pasarías a otra cosa. Pero no, lo increíblemente mágico es la sensación de saberte abducido en un estilo que te atrae, en un ritmo que te atrapa, con unos personajes que no dejan que te relajes y que te enseñan cosas que ignorabas. Lo bonito de leer a Almudena es que saca el lado más introspectivo de ti.

Malena es un nombre de tango es un libro bueno, muy bueno. No por el argumento, que se presta a debate, sino por los motivos anteriormente señalados. La radiografía que hace del personaje, de Malena, es tan intensa que ya piensas que es una buena amiga a la que, por supuesto, no quieres dejar de ver. La novela es una trama familiar de lo más singular, con varias generaciones de personas que viven su vida a su modo, y de las que no sacas patrones en común. Ahí seguramente esté el éxito de este libro, en la interacción de familiares que, conforme más crecen, menos se sabe de ellos. Malena es una mujer atrapada en una vida que no quiere, una que le ha tocado vivir, una en la que ni siquiera busca caminos para darle un enfoque distinto. La relación con su hermana Reina la marca hasta tal punto que se convierte en una especie de estigma constante, en un holograma pernicioso, y aunque ella desea romper con ese vínculo, ocurren acontecimientos que lo impiden. Sus padres, dos personas que tampoco le sirven de ejemplo, se presentan como un problema más que como un aporte, y únicamente la intervención esporádica de su abuela o sus tíos parece apaciguar una mente abarrotada de tormentos. El primero de ellos, el recuerdo de su adolescente relación con el amor de su vida, Fernando, se instala en su cabeza como un virus y la acompaña el resto de su vida con un dolor del que no logra desprenderse.

No era la primera vez que leía a Almudena Grandes. Atlas de geografía humana fue un maravilloso descubrimiento y Malena es un nombre de tango una estupenda confirmación. Sin embargo, leer la vida de Malena, y aceptarla a ella como es, con sus demonios siempre presentes, fue un ejercicio sumamente desafiante. Malena no es como el resto de las mujeres que la rodean, y ahí radica la fuerza de la historia. Malena es inteligente, pese a todo, una mujer con personalidad y resuelta a hacer las cosas a su modo. Te resulta muy intrigante su forma de actuar y te genera interés saber cómo consigue sus objetivos. Tampoco es una persona a la que quieres con devoción, no hace nada especial que genere simpatía, y sus decisiones posiblemente sea más fáciles criticarlas que ensalzarlas. Su belleza, si se considera bella, no la expone; su alegría, si la tiene, no la transmite; las cualidades que sabes que tiene, a fin de cuentas, no las muestra porque ella cree que no debe hacerlo. Malena es una mujer sombría pero la aceptas encantado hasta el final.

Uno de los detalles que más me fascinan de este libro y, por extensión, de Almudena Grandes, es el realismo de sus diálogos, esa clarividencia al hablar, saber que cada una de las palabras que salen de boca de los personajes, y que bien podrías estar escuchando en una cafetería, forman parte de algo que reconoces. Ese tono tan cotidiano, tan llano, tan poco forzado, tan verídico, es el que acaba sumergiéndote en el mundo interior de los personajes. Ese detalle, que en condiciones normales podría pasar desapercibido, es, sin embargo, una fabulosa combinación con el lenguaje depurado que abunda en su prosa, una mezcla que muestra la riqueza lingüística de la escritora y que en definitiva te seduce con sus dos vertientes: el lirismo por bandera y la naturalidad en estado puro.

Pero conforme la lees y conoces a sus personajes, pronto te das cuenta de que nada es tan  simple o natural como a priori aparenta. Eso ocurre con Malena, una mujer que no tiene nada de bailarina ni a la que posiblemente le guste el tango, una mujer a la que tampoco verías enganchada a un reality show ni leyendo novelas de Jane Austen. Los personajes de Almudena tienen demasiados secretos, demasiadas inquietudes, deseos incontenibles de encontrar el mundo en el que estar en paz, a gusto consigo mismos, un mundo que los acepte, que acepte a esa exclusiva clase de personas que no sólo sirven para seguir las corrientes que impone la sociedad.

La recomendación de este libro lo hago extensible al resto de novelas de Almudena Grandes. A pesar de haber leído únicamente dos de ellas, no albergo duda alguna de que el estilo y las sensaciones posteriores serán idénticas, por lo que hago un llamamiento a todos los amantes de la buena literatura a que empleen tiempo en leer, interiorizar y, finalmente, disfrutar a esta soberbia escritora.

Almudena Grandes blog

2 comentarios sobre “Malena no habría sido buena bailando tango

Agrega el tuyo

  1. Completamente de acuerdo contigo. ¡Qué gran autora! A esta mujer hay que tomársela con calma al principio, pero conforme se desarrolla la historia te absorbe, te envuelves con su prosa sublime y sus personajes profundos.

    Me gusta

  2. Coincido contigo en que Malena es un personaje tan intenso y creíble que permanece contigo incluso después de haber terminado el libro. Yo lo acabé ayer y hoy lo echo de menos. No es nada fácil para un autor conseguir ese efecto en los lectores. En mi caso me sucede con pocos libros y éste, sin duda, lo ha conseguido.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: