La lista del maestro

Cuando uno conoce la obra completa de Frederick Forsyth, ha disfrutado con todas y cada una de sus novelas y ha visto las películas que han adaptado de sus libros, recibe con especial interés una nueva entrega del maestro del espionaje.

Mi visión con este inconmensurable escritor sé que no es demasiado objetiva, y también sé que me dejo llevar por la admiración, no sólo a una longeva carrera plagada de éxitos literarios, sino a un estilo narrativo sumamente entretenido, repleto de intriga y acción, y a un lenguaje depurado que cuida con destreza, como una condición indispensable para que lo primero cobre más brillo, y que me llevó, entre otras cosas, a imitar —con bastante menos oficio— para algunos pasajes de mis libros. Pero sobre todo, si por algo rindo culto a Forsyth es por el aprendizaje desaforado sobre cuestiones políticas que he ido obteniendo con el tiempo y que el autor desvela con total impunidad.

La lista de adjetivos hacia este dinosaurio de la literatura sería interminable, así como su lista de libros y relatos escritos a lo largo de más de cuarenta años de profesión, y puede que él mismo se haya rendido tributo bautizando a su última novela con el título de La lista.

A pesar de esta burda coincidencia extraída de mi más sospechosa imaginación, La lista no trata sobre adjetivos o sobre libros. Es una más que interesante historia ambientada en el conflicto declarado y aceptado entre Estados Unidos y el islamismo radical a raíz de una fijación suicida por destruir el mundo occidental y los gobiernos que lo dirigen. Uno de estos mártires, conocido con el nombre del Predicador, es el que comienza una batalla contra Norteamérica propagando por internet un mensaje claro y rotundo de morir matando. Para ponerle solución a esta injustificada masacre, Estados Unidos otorga plenos poderes a un ex marine, Kit Carson, quien emprende una persecución que convierte en personal debido a un atentado familiar.

Las novelas de Forsyth siempre son una lucha entre las fuerzas del bien y del mal, representadas, respectivamente, en países occidentales y democráticos y en países dictatoriales y extremistas. En todas ellas siempre hay un héroe y un tirano, uno que vence y otro que sale derrotado. Casi siempre el héroe es un hombre con unas capacidades físicas y mentales formidables y el tirano es un ser con una crueldad sin límites. En todos los libros del escritor ya conoces cómo acaba la historia porque el héroe siempre consigue que venzan esas fuerzas del bien.

Puede resultar una malísima carta de presentación y una pésima recomendación para iniciar la lectura de un libro suyo, pero Frederick Forsyth consigue que cada nueva historia posea la intriga necesaria que haga conectarte magnéticamente con la trama, sin que te importe saber que un argumento similar ya lo has leído previamente. Es lo que sucede en La lista y es lo que pasa con todos sus trabajos anteriores. Pero la diferencia notable de un libro respecto a otro es la elección de los protagonistas, ya que no siempre elige entre los “buenos” a Estados Unidos —de hecho, él es inglés— y a los “malos” a Afganistán o algún otro país fundamentalista.

Por encima de cualquier otra cosa, lo que yo resalto de la literatura de Forsyth, y sucede en La lista también, es la capacidad de dominar el mundo político y el espionaje a gran escala, y hacer confluir en una misma historia a varios países y gobiernos declarados enemigos irreconciliables, a ejércitos regulares y a grupos armados independientes, a organizaciones secretas y a departamentos de espionaje y contraespionaje. A todos, a absolutamente todos, a los buenos y a los malos los mete en la misma trama y convierte el mapa del mundo en un gran tablero de ajedrez. Esa incomparable habilidad de poner patas arriba el planeta Tierra es lo que creo que le ha llevado a convertirse en único, en un maestro de este género narrativo y en un referente para el universo literario.

Kit Carson es el que en esta ocasión toma las riendas de poner en vilo al mundo. El libro es bueno, no tan brillante como alguna de sus célebres novelas (Chacal, Odessa o El cuarto protocolo —todas estas llevadas al cine—), pero destacable nuevamente desde el punto de vista de la documentación y el rigor histórico. Un elemento que podría resultar novedoso de esta obra respecto a toda su bibliografía es su adaptación a los tiempos modernos y a las nuevas tecnologías, ya que la trama se apoya en el ciberespacio y en las habilidades de sus personajes en las telecomunicaciones. Hasta en este detalle creo que Frederick Forsyth es sublime. Ha conseguido aplicar a esta nueva historia toda la potencialidad reciente del mundo virtual e internet como si llevara toda la vida escribiendo sobre lo mismo. Forsyth, sin embargo, no es famoso por ello, sino por aquellos libros donde el espía tenía que usar medios rudimentarios como forma de conseguir sus objetivos, lo que ponía de manifiesto el ingenio abrumador del autor y lo que hacía que el lector terminara realmente fascinado.

La lista podría ser fácilmente una secuela de los tiempos de guerra que se llevan viviendo en la actualidad en Oriente Medio. El escritor realiza una radiografía exhaustiva sobre el radicalismo islámico y ese odio inherente a Occidente representado en los Estados Unidos. El conflicto de Afganistán o el de Irak podrían servir para situarse en el argumento. A pesar de todo, lo original en esta novela —extensible al resto— no es la ambientación. Sin duda son los personajes secundarios (y no necesariamente personas, sino países enteros) que emplea para dotar a la trama de una grandiosidad casi epopéyica, una en la que las consecuencias suelen ser devastadoras y que no dejan indiferente a nadie. Lo maravilloso de leer a Forsyth es que te conduce por una clase de historia repleta de acción, con un ritmo trepidante, una en la que la venganza, las identidades falsas y la muerte están siempre presente como un fin indispensable, una en la que no hay espacio para el amor, la simpatía o la bondad, una en la que la intriga se desborda. Una en la que los motivos para recomendarlo no caben en ninguna lista.

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