La vida que debes vivir

No existe sensación más placentera que la producida al leer un libro escrito por alguna persona conocida. El grado de implicación con la historia aumenta de un modo exponencial y la cercanía con los personajes crece hasta un punto que sientes que necesitas su contacto físico. No explicaré el origen de esto ni la relación con el autor porque la reseña perdería el rigor literario que pretendo darle, aunque ya adelanto que el libro en cuestión es de un nivel tan alto que cualquiera pensaría que procede de un genio de este gremio. Tuve la enorme fortuna de leer Las vidas que pudimos vivir y tengo el privilegio aún más grande de conocer a su escritora, Mayte Blasco.

Empezaré contando que se trataba de la opera prima de esta autora. La historia de la literatura está llena de casos de autores noveles que con su primer libro alcanzan el éxito inmediato. Esto se debe a múltiples factores, huelga decir, pero casi siempre predominan aquellos que tuvieron un buen contacto en el mundo editorial. Son menos, muchos menos, los que partieron del anonimato más absoluto y llegaron a ser conocidos, y en estos casos siempre es por una obra que roza la perfección. Quién sabe, después de esta introducción, si el caso de Mayte no es ése, llegar lejos gracias a una maravillosa novela impecablemente bien escrita.

Las vidas que pudimos vivir es un drama contado desde distintos ángulos. Cinco mujeres deben trabajar en la fundación creada a un reconocido pintor español del siglo XIX y deben hacerlo bajo unas condiciones francamente complejas, donde la hostilidad y la desconfianza se convierten en elementos intrínsecos del día a día. Cada una de ellas posee un cargo distinto, una mentalidad diferente y un pasado convulso, y estos tres conceptos tan aparentemente poco relacionados entre sí son los que, en realidad, generan la trama de la historia.

Susana es la becaria, una chica insegura que padece los estigmas de su aspecto físico. Violeta es la bibliotecaria, una joven reaccionaria proclive a sufrir decepciones por parte de sus seres más queridos. Diana es la museóloga, una madre que lucha por mantenerse junto a su hija en una sociedad consumida por la crisis. Paola es la jefa de ellas tres, una bella mujer que busca la felicidad a toda costa a pesar de los obstáculos que encuentra por el camino. Soledad es la presidenta de la fundación, una maquiavélica persona llena de odio que emplea sus armas para alcanzar sus objetivos aunque sean carentes de ética. El nexo que une estas cinco personalidades es el lugar en el que trabajan, un palacete madrileño donde la corrupción acapara más protagonismo que el arte.

El libro es realmente bueno desde distintos puntos de vista. La calidad en la prosa es notable y el lenguaje combina acertadamente el lirismo con el coloquialismo español. No abunda el diálogo porque el peso de la historia lo lleva el texto contado a modo de reflexión interior, escrito en primera persona y con cierto matiz de tragedia. El toque de distinción de la novela radica en la estructura, ya que cada capítulo corresponde a un personaje e indefectiblemente muestra la visión de éste en torno a un mismo acontecimiento. Aunque sin duda, el mérito principal de este libro, lo que lo eleva a la categoría de obra concienzuda y trabajada, es el guión, con numerosos saltos temporales y flash-backs que convierten la historia en un puzle que se va montando sólo.

La referencia inmediata cuando acabas de leer Las vidas que pudimos vivir es Almudena Grandes y su aclamada obra Atlas de geografía humana. No es que sea amigo de estas comparaciones tan perniciosas —bajo mi punto de vista generan unas expectativas tan altas que al final, por unas cosas o por otras, acaban decepcionándote—, pero mi osadía me lleva a aproximar a Mayte con Almudena y su libro por todo lo contado anteriormente: la estructura del guión, personajes exclusivamente femeninos, escrito en primera persona, la trama alrededor de un lugar físico… También en cuanto al estilo intimista, la prosa bien elegida y las notas más castizas del Madrid en el que viven. Incluso en un detalle francamente revelador que habla por sí solo de la calidad del trabajo: la prometedora irrupción en el mundo literario a través de una gran primera novela.

Al margen de comparaciones y aproximaciones, hay que hablar obligatoriamente del mensaje que dejan cada una de las protagonistas de la novela, esas vidas que no llegamos a vivir pero que, al mismo tiempo, desconocemos si querríamos haberlas vivido. A lo largo de la vida de uno surge la dualidad y las constantes tomas de decisiones que te conducen a desechar una opción que, quién sabe, si podía haber sido mejor. Esta condición inherente al ser humano es la que refleja la autora con cinco personalidades diametralmente opuestas entre sí, con vidas que nada tienen que ver las unas con las otras, pero cuyo denominador común radica en la mala elección sufrida, con decisiones tomadas bajo lo que en ese momento parece apropiado o lo que en ese instante dicta el corazón y no la cabeza. Aunque, redundando en la idea anterior, lo dictado por la cabeza normalmente tampoco augura el éxito, por lo que qué más da si hacemos caso al corazón, como queda de manifiesto en el libro.

A fin de cuentas, equivocarse es una cualidad infalible del ser humano. Pensar en lo que podría haber sido carece de sentido si tu forma de ser te lleva a pensar en positivo. Para los nostálgicos, éste es un libro sumamente recomendable, ya que te va forzando constantemente a pensar en aquellos momentos en que tomaste un camino y no otro, en por qué lo tomaste y en por qué no lo dejaste. Para la gente pragmática también es recomendable, ya que el libro invita a sumergirse en la mentalidad tan poco encorsetada de personas que se dejan llevar por los designios de asuntos tan complejos como por ejemplo el amor. De hecho, el libro es un canto a la espontaneidad surgida de la pasión provocada por la atracción física, el sexo y esto último, el amor.

Ya sea para unos o para otros, parece evidente que el punto en común de esta maravillosa historia es el concepto implícito de que, al fin y al cabo, tu vida, la única que tienes, es la que estás viviendo en ese momento, que de poco sirve elucubrar sobre decisiones pasadas y errores cometidos, que lo que tienes o no tienes es lo que te ha tocado en suerte, que tu vida, la única que tienes, es la que, a pesar de todo, debes vivir.

portada

 

Anuncios

Un comentario sobre “La vida que debes vivir

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: